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Sigo
con la boca abierta y con los ojos como platos al recordar lo que tuvimos
la oportunidad de ver (y oír, por supuesto) de la mano de uno de
los personajes más controvertidos (¿y qué genio no
lo es?) de nuestra escena musical de toda la vida.
Según entrabas a la sala, es cierto que mosqueaba un poco el ver
el escenario flanqueado por una enorme bandera americana de fondo (pese
a que hubiera otra española en una esquina como detalle de buen
rollo, las cosas como son), aunque en cuando empezó el concierto
todo esa parafernalia política y yanqui se quedó en anécdota.
Detalles aparte, vamos con lo realmente importante porque el concierto
que nos brindó Ted Nugent
fue de quitarse el sombrero. En formato de trío y con dos musicazos
a su vera como son el batería de Dokken, Mick Brown, y el bajista
trotamundos Barry Sparks (ex Dokken, Alice Cooper, MSG…), se nos
presentó de nuevo el loco Nugent después de aquel mítico
concierto en el Pabellón del Real Madrid hace ya casi 25 años,
y la sensación es que los buenos vinos añejos no mejoran
con los años, ¡se hacen supremos!
Increíble sonido, una fuerza eléctrica como nunca había
oído en una sola guitarra y, sobre todo, clase, potencia y elegancia
conjugadas a la par en un concierto perfecto, soberbio, pleno de locura
controlada y que seguro que dentro de otros 25 años se recuerda
con el mismo cariño e impresión positiva de aquella primera
vez (aunque ahora ya sin taparrabos pero sí con la misma cola de
mapache).
En el concierto en sí cayeron ronda de clásicos, como “Wango
tango”, “Turn it up”, una salvaje “Great white
buffalo” o la imprescindible “Cat scratch fever”, aderezados
con la magia, simpatía (por mucho que aborrezca las ideas políticas
y actitud fascista del bueno de Ted en su ‘vida normal’),
‘feeling’ y talento supremo de un grande, grande de nuestro
mundo roquero. Destacar que a mitad del concierto salió Chad Smith
(batería de Red Hot Chili Peppers que tocaban en Madrid al día
siguiente) a tocarse dos temas con la banda y lo cierto es que fue alucinante
constatar lo buenísimo que es (todos de acuerdo en que se comió
a Mick en sólo dos temas y eso que el rubio batería tocó
de lujo).
En definitiva, una pasada de concierto y sólo puedo calificarlo
como de lo mejorcito que yo he visto y oído en mucho tiempo: Puro
Hard Rock ‘setentero’, Rock sureño y, realmente, Rock
supremo atemporal de la mano de una leyenda viva. Genial.
David
Esquitino
©
Los+Mejores Rock Magazine. Madrid. Julio 2006
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