| MONSTERS OF ROCK CIUDAD:
Zaragoza
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| Cuando llegamos a Zaragoza el cielo estaba encapotado y lo que al principio era un temor porque se estropeara aquel gran concierto, se convirtió en un alivio, sobre todo para los asiduos a las primeras filas y el ‘mogollón’. Además, la organización había dispuesto un ‘túnel de lavado Heavy’ para ayudar a paliar el calor y éste se convirtió en el escenario improvisado de cientos de fotos, y de nuevo un alivio para los del ‘mogollón’. El recinto estaba bastante bien organizado; con su mercadillo, sus barras, sus toldos y ¡hasta futbolines y televisiones con los partidos del mundial! No faltaron una estupendas gradas desde donde se podía ver el escenario perfectamente y un montón de cuartos de baños portátiles (¡pero un montón!). Vamos, de todo para que las diez mil personas que ahí nos agolpamos pudiéramos disfrutar en condiciones del cartelón que se nos había preparado. (Bastantes se habían atrevido con el doblete y venían de Lorca, como alguno de nuestros compañeros del bus de Los+Mejores). Pero, como siempre, no todo puede ser perfecto. El primer problema fue la apertura de puertas. Se abrieron demasiado tarde y cuando la gente acabó de entrar ya estaba tocando el primer grupo.
Pasadas las seis de la tarde aterrizaba en el escenario maño el águila alemana, Primal Fear. Aún había bastante luz a pesar de las nubes del cielo y la gente no había terminado de entrar en el recinto, pero tuvieron un público abundante y bastante entregado. Abrieron con “Demons and angels” y “Roller coaster”, de su último trabajo, que coinciden también con las dos primeras pistas del disco. Aunque el ‘set list’ no fue demasiado acertado, ya que dejaron de lado muchos temas de sus primeros discos, Ralf Scheppers no decepcionó. Sus inquebrantables agudos calentaban el ambiente para una gran tarde de Metal. Con sus pantalones negros que llameaban fuego blanco en sus bajos y, como siempre, acompañado por el carismático bajista Matt Sinner, supieron asumir perfectamente su papel de ‘primeros de la fila’ (con todos los errores de sonido y demás que eso conlleva). La lista de temas siguió con “Nuclear fire” del tercer trabajo, al que daba nombre, “Seven seals” y el temazo “Angels in black”. Para cerrar eligieron “Running in the dust”, que fue el toque más clásico de la actuación junto con “Final embrace”, para acabar con el himno ‘judaspriestero’ “Metal is forever” con el que todo el mundo saltó y cantó. El público estaba preparado. Y, de pronto, un rubio de largas melenas y una antigua casaca hacía su entrada y pisaba las tablas. No podía ser otro. Con ese calor y ese abrigo... nadie más que Biff Byford. Un poco más viejo pero con esa capacidad de siempre para transmitir pasión por esta música. Un auténtico Heavy. Saxon abriría con “Motorcycle man” y, a partir de aquí, el público no dejaría de cantar, saltar y alzar sus puños. Siguieron con la pegadiza “Crusader” y después “The band played on” con su ‘uooooo’ coreado por todos; estaba claro, no hacía falta que lo repitieran: there was magic in the air. “Whitchfinder General”, “Solid ball of Rock” y después “Conquistador”. Pero todos esperábamos por lo mismo: “Denim and leather”, clásica, ¡qué lejos quedan ya aquellos primeros ochenta! Y de aquél mismo trabajo (¡cómo podía faltar!), de repente Biff se lleva a Paul Quinn al centro del escenario y pregunta: “¿Conocéis la letra de ésta?”. Y suenan unos acordes: “Princess of the night”. Esa vieja motocicleta que nunca se acaba de hacer vieja, la misma que lleva años acompañando a los ingleses y haciendo vibrar al público por muchas veces que se haya escuchado ya. El broche final no podía ser otro que “Wheels of steel”. Saxon se despidió después de sus casi 50 minutos de show dejando al público boquiabierto, como siempre, y con un aire clásico y ‘rocanrolero’ que no tardaría en esfumarse cuando Apocalyptica entraran en escena Los finlandeses entraron en un privilegiado tercer lugar. Su puesta en escena era bastante sorprendente. Con unos butacones góticos y sus chelos y batería como únicos complementos comenzaron a tocar. La verdad es que la gente parecía estar bastante contenta y muchos aseguraban tener ganas de verlos en directo, pero a mí me resultó un poco densa su actuación. Cincuenta minutos sin vocalista se hacen un poco largos, y mucho más después de Saxon y con vistas a WASP, Whitesnake y Scorpions. Pero en honor a la verdad, es absolutamente impresionante lo que estos chicos son capaces de hacer con los chelos. Sacan sonidos idénticos a la mejor de las guitarras. Su ‘set list’ abría con "Somewhere around nothing" y después “Repressed” y “Life burns”. Nada nuevo en los siguientes temas. Buen sonido pero sin ninguna variación, ninguna novedad, una actuación muy lineal que sólo se animó un poco más con “Seek and destroy”, versión de Metallica, con la que el público verdaderamente se entregó coreando y cantando el estribillo del grupo de Hetfield, del que también versionaron “Enter sandman”. Cerraron con un tema propio, “Hall of the mountain king”, y otra versión, esta vez de Nina Haggen “Seeman”.
Apocalyptica
Por fin cayó la noche y las estrellas comenzaban a brillar con luz propia. W.A.S.P. fueron los siguientes. Como ya escribí una vez, amados y odiados, aunque parecía que aquella noche se habían reunido todos los que les amaban. Un Blackie Lawless cardado y con botas negras por encima de las rodillas entraba arrastrando su “Hellion”, con el que abrieron la parte más divertida del festival. No se dejaron ningún tema en el tintero: "Chainsaw Charlie (Murders in the new Morgue)", “Love machine”, “Wild child”, “The real me”, una versión de los míticos Who y “Sleeping in the fire”. Por supuesto “Hate and love”, ese tema sucio que simboliza a la perfección el estilo de la banda norteamericana y que enseña las cualidades y ‘bellezas’ de una voz roquera desgarrada como la de Blackie. No podían irse sin su “I wanna be somebody” (¿Quién no conoce este tema?, como veis una noche de himnos, que se completaría con los cabezas de cartel) y una propina con “Blind in Texas”.
W.A.S.P.
Íbamos con media hora de retraso respecto a lo estimado, pero llegaba el que sería mi momento preferido de la noche. Se subía al escenario un guapísimo y elegantísimo David Coverdale. No hay adjetivos suficientes para describir la elegancia de este ‘frontman’ encima del escenario y de la melodía. Whitesnake abrió con “Burn”, el temazo de Deep Purple que desde siempre acompaña a Coverdale. El listado de temas fue casi el mismo que trajeron en la gira pasada, pero ocurre con él lo mismo que con el resto de clásicos: nunca te cansas de oírlos, y en directo mucho menos. Además, por razones de tiempo, se vería bastante reducido para pena de muchos (como yo). A la erótica “Slide it in” le siguió “Love ain`t no stranger” y la emotiva “Here I go again”. Divertida y bailonga “Give me all your love tonite” y “Ready and willing”. Un repaso por toda la discografía de ‘la serpiente’, que cada vez que pisa España lo hace con más fuerza y más elegancia. Sin duda, el toque romántico vino con “Is this love”, a la que seguiría una de mis favoritas por su ritmo y letra “Crying in the rain”. Se despedirían de su hora y cuarto de actuación no sin antes tocar “Fool for your loving” y la mágica y mítica “Still of the night” con la que ya sabemos que se despiden hasta la próxima. No faltó tampoco el solo de batería de Tommy Aldridge, que aunque es ya un clásico en las actuaciones del grupo, podía haberse omitido o reducido para meter algún que otro tema. Nos quedamos con ganas de más Whitesnake. El broche de oro a esta noche clásica y roquera lo pondría Scorpions. La banda alemana de Rudolph Schenker y Klaus Maine volvía a España. Muy animados y divertidos, no pararon de moverse por el escenario, Klaus regalando baquetas sin parar (soltaría unas treinta) y con su bailecito de la pierna, como siempre acompañado de su gorra de cuero y sus gafas de sol. Una voz perfecta, un sonido maravilloso para una grupo que se lo merece todo. Unos auténticos clásicos del Rock que abrirían con “Comming home” y seguirían con "Bad boys running wild" y “Love’em or leave’em”, conjugando así temas muy clásicos con temas más nuevos (de su último álbum que cuenta ya dos añitos). “The zoo”, “Lovedrive” y algunos temas nuevos más. Pero la emoción llegó con “Winds of change”, que con su estribillo en español consiguió encender algunos mecheros y hacer llorar a algunos. "Don´t believe" y "Tease me please me" devolvieron la compostura que daría paso a un largo solo de batería y de guitarra. Parecía que se iban, pero no podía ser, y no fue...faltaban temas. Klaus nos deleitó con “Another piece of meat” y “Big city nights”, nos dejó una pincelada romántico-‘rocanrolera’ diciendo que aún nos amaba (“Still loving you”) y se despidió dejándonos el ritmo en el cuerpo con “Rock you like a hurricaine”.
Rudolf
Schenker,
Y
así nos volvimos a Madrid, más enamorados del Rock que nunca
después de este cartel en el que se sumaron agudos, simpatía,
un toque más moderno, gamberrismo ‘ochentero’, elegancia
y las melodías de nuestra vida. Texto y fotos: Ana Serrano
© Los+Mejores Rock Magazine. Madrid. Julio 2006
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