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Nos
acompañan Manuel Maestre (guitarrista, ex Ratones Koloraos) y el
cantante, guitarrista y líder, quien me advierte con pícara
sonrisa:
“No seas muy cruel, ¿eh?, que te veo venir”.
Son muchos los años de trayectoria de Michel con Johnny Juerga
y Los que remontan el Pisuerga, además de con los conocidos Canallas.
Aunque
no te haga mucha gracia, deberíamos comenzar por aquí: ¿Qué
razón hubo para dar carpetazo a Canallas?
Michel: Cerramos el ciclo de Canallas porque vimos que en los
dos últimos años la banda estaba estancada, no crecía
en ventas, no crecía en conciertos... y eso te va quemando Cubríamos
para no generar pérdidas a la discográfica, pero hay que
reconocer que te quedas ahí estancado en segunda división
y, llegado un momento, no es que yo tome la decisión, la banda
me lo plantea: “Nos lo hemos pasado bien, se ha cubierto un ciclo,
grabamos el disco en directo y se cierra la historia.” Con Canallas
me siento culpable, perdí el rumbo un poco por la influencia de
salir tanto de gira con Ska-P; me confundí, empecé a hacer
canciones más pachangueras... Ahora soy consciente, me fui hacia
un lado en el que no habíamos comenzado con “13”, el
primer disco, que era el más rockero, el más directo y el
más sencillote. Se me fue la pinza al bailoteo, al cachondeo y
a la pachanga.
¿Y
qué te lleva a crear Stafas? Curioso nombre, por cierto.
Mi:
No tenía muy claro el volver a embarcarme en otra historia, pero
después de tirarme un verano entero en casa metido, dije: “¡Hostia,
qué bien se vivía con las vacaciones pagadas!” Llegaba
junio, te ibas por ahí de gira, no tenías que plantearte
qué hacer en vacaciones... (Cambia el
tono de voz y añade): -¡Bah! Supongo que somos
una panda de enfermos los que nos dedicamos a todo esto y, en cuanto lo
abandonas, te tiras un par de meses muy a gusto haciendo el perro, pero
al tercer o cuarto mes te sale el mono, vas a ver a compañeros
de otras bandas tocando por ahí y te das cuenta de que no estás
en tu sitio. Es un rollo ‘egocentrista’, nos gusta estar ahí,
figurar, pintar la mona o contarle nuestras batallas a la peña,
y decidí empezar a tirar ‘pa’lante’ con otro
proyecto.
(La conversación fluye como una
cascada y es de agradecer al amigo ‘Michi’ la sinceridad que
en ella derrama).
-La idea surgió una noche de pedo con Lúter, cantante de
Los Reconoces, y decidimos montar una banda con miembros de otros grupos
(Poncho K, Albertucho, gente de Vantroi...). Se trataba de hacer unos
temas pero sin banda definida, nos iríamos cambiando; de ese modo,
ibas a ver los temas pero no sabías quién iba a tocar esa
noche. Era algo interesante: los mismos temas pero sonarían distintos
en cada concierto. Pero nos encontramos con mogollón de problemas
de compañías, ‘managers’... Total, que al final
tomamos el recorrido normal: Busqué músicos y, por ejemplo,
me encontré a Manolo que estaba con Ratones Koloraos; le pillé
pedo y le dije que se viniese. Lo de Stafas no era seguir con la coña
de Canallas, sino por la idea anterior; en realidad, la banda era como
una estafa, no sabías a quién verías en directo,
y se mantuvo el nombre.

Muchos
de nuestros jóvenes lectores (la mayoría) te conocen por
Canallas, Michel. ¿Qué les gustará de Stafas? Al
contrario, ¿llamaréis la atención de cierta gente
que no se sintió atraída por tu anterior banda?
-Es una situación complicada. El tío que compone en Stafas
es el mismo que componía en Canallas, el que da la cara es el mismo,
pero he intentado abrir el abanico un poco. No sé si voy a defraudar
o voy a ganar gente, pero creo que Stafas es más fácil de
escuchar. Me gustaría que, poco a poco, se fuera separando la historia
de Canallas con la de Stafas, ni yo fui Canallas solo ni los músicos
de Stafas tienen nada que ver con Canallas. Aquí, ahora, quiero
retomar el filo del R&R más directo, no quiero inventar nada.
Unos dirán: “más de lo mismo”, otros: “más
de lo mismo, pero me mola”. Lo importante es que sabemos hacia dónde
vamos, éste del R’N’R es un camino estrecho, lleno
de gente que lo hace de p.m. y, por lo menos, sabemos en qué embudo
nos vamos a meter.
Veo
que tienes las cosas muy claras...
-Es que muchas veces nos creemos que lo que hacemos es lo mejor y te encabrona
no vender discos, no subir y tal. Pero cuando paras y te vas a tu casa
y le das al ‘play’, pues te das cuenta de que el disco no
era ni tan gran disco, ni había tan grandes canciones, y la gente
no es gilipollas. O sea, no te encabrones con que no te apoyan, no te
reconocen, etc.
Es
por eso que en esta ocasión, con Stafas, hablas principalmente
de “esfuerzo, trabajo y sinceridad”?
-Es la filosofía que quiero llevar ahora y no quiero perder los
papeles.
Aparte
de la inmediatez del single (“Dos corazones”), me ha llamado
la atención el tema titulado “138.525 euros”.
Por fin toma la palabra Manolo:
-A
todo el mundo le llama la atención: “¿Por qué
esa cantidad, y eso qué significa?” Es una de las partes
de indemnización que daba la Comunidad de Madrid a los familiares
de los afectados del 11-M. La canción me encanta, ya no sólo
por el mensaje, que no hay que ser demagógico, sino por la composición,
por cómo empieza, cómo se desarrolla y cómo se cierra.
Crea un ambiente increíble, suena redonda, rueda sola.
Por cierto, se cierra con las palabras más
duras que Pilar Manjón lanzó a la comisión de políticos
que estudiaba los hechos del atentado.
Mi: La locución de esta mujer no estaba prevista, y cuando
nos metieron sus palabras en casa dándole cuatro hostias a todos
éstos, dije: “Tengo que conseguir meter un trozo porque es
la única forma de cerrar la canción.” Pedimos permiso,
escucharon el tema, leyeron la letra, les gustó e incluso nos dieron
las gracias. No es un tema representativo de lo que hace la banda, pero
sí es un tema con mucho sentimiento y respeto. Antes de escribir
la primera palabra tenía miedo, no quería caer en los tópicos:
‘atentado’, ‘bomba’, ‘muerte’... Tenía
que contar lo que quería decir sin poner nada de eso. Fue una historia
tan fuerte, que nos salpicó a todos: A nosotros desde la música,
a vosotros escribiendo, al pintor pintando, etc. Creo que a todos los
que estamos en esto del ‘artisteo’ nos quedó el punto
de decir que algo había que hacer, algo había que reflejar.

Volviendo
a canciones que me han despertado el interés: Las dos versiones;
una “El pianista”, tema que popularizó aquí
Ana Belén; la otra, “El progreso” de Roberto Carlos
que, por cierto, recuerdo que ya la grabó el grupo Insania.
Mi: Cuando me planteo hacer una versión, nunca me fijo
en si la ha hecho mucha gente, la hago porque me llena y me apetece a
hacerla. Me parece cojonudo que un menda hiciera esa canción hace
veinte años y resulta que ahora sigue todo igual, seguimos igual
de ‘apalancaos’, de petardos y jodiendo la marrana a la naturaleza.
“El pianista”, en principio, es algo moña; se iba a
quedar fuera, pero nos convencieron de que era una versión interesante.
Ma:
Fue algo así, como: “¡Coño, nos la hemos dejado
en casa!”, pero rápidamente la preparamos en el estudio y
la grabamos.
Mi:
En el fondo, yo me identifico con la letra. A veces te sientes un músico
perdedor, hay una piba que te deja, te ves borracho pegado al piano dando
la matraca...
Parece
obvio que las letras tienen mucha importancia en Stafas...
Mi: Las letras son muy importantes; la gente, cada vez más,
quiere que le cuentes algo y es más exigente con la forma en que
escribes o te expresas. Ya no es que sea de mucho o poco peso, sino que
des con una fórmula para que le mole la historia, cómo se
la cuentas... que le llene. En Stafas el porcentaje de importancia de
las letras es muy alto. Aunque son melodías audibles que entran
de p.m., las letras tienen su mensaje, su peso, su desarrollo.
Ma:
Lo mejor es no separar, tiene que ser todo uno; si no, algo ha fallado
en la composición.
Mi:
Que conste que, musicalmente, el peso lo llevan ellos... (Se
refiere a Manolo, el bajista Javier del Palacio y Anono, batería,
que completan el cuarteto). -Yo siempre me he considerado
un tío bastante mediocre cantando y tocando la guitarra, siempre
me arropo de gente que me aporte cosas musicalmente. Como ejemplo, llevaba
hechos los temas de casa pero decidí que firmásemos todos
dos de ellos. Era una forma de agradecerles cómo han acabado sonando.
Con
franqueza y humildad -y espero que con lo que encierra “Por arte
de birli birloque”- seguro que habéis abierto el apetito
de veros en directo. ¿Cuándo, con quién?
Mi: Nos sumamos a la gira de Sínkope y vamos de teloneros
suyos. Stafas es una banda nueva y es el camino que tiene que recorrer:
Ponerte el mono y dar la turra media horita, rápido y sucio; ya
te situará el tiempo donde te tenga que situar.
Ma:
En Madrid estamos con ellos en la sala Arena el 6 de mayo; de manera humilde,
pero pensamos que la gente que vaya a ver a Sínkope puede estar
interesada en lo que hacemos.
Le
recuerdo a Michel una jugosa anécdota que vivió junto al
Pirata hace unos años y que el locutor me había narrado
un par de días antes. Tras las carcajadas, acabamos con dos recientes:
Mi: El primer día que entré a grabar las voces
de este disco no era capaz ni de afinar, ni de cantar media estrofa. “¡Tráeme
un güisqui!”, decía, y nada. El productor, que nunca
había trabajado conmigo, me decía: “Tranquilo, relájate”,
pero por dentro estaría diciendo: “¡Qué marrón,
éste no canta ni debajo del agua, el h.p.!”, ja, ja.
Ma:
¡Ah! Y tenemos un bajista que habla en castellano antiguo, el chaval
habla que te quedas ‘flipao’, como en El Quijote. Sus padres
se debieron gastar mucho en clases de retórica.
Mi:
Bueno, de hecho venía él solo directo a que le hicieras
la entrevista... ¡y le hemos parado!
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